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¿Quién puede matar a un niño?
- Título original: ¿Quién puede matar a un niño?
- Año: 1976
- Director:Narciso Ibáñez Serrador
- País:España
- Género: Terror
- Música:Waldo de los Ríos
- Fotografía:José Luis Alcaine
- Reparto: Lewis Flander, Prunella Ransome, Miguel Narros, María Druille, Lourdes de la Cámara, Roberto Nauta
¿Quién puede matar a un niño? Es una excelente película de terror y todo un parámetro para medir lo que es una buena producción. Después de un prólogo que a nadie deja indiferente, donde en medio de los créditos iniciales se muestran escenas de las consecuencias de las principales guerras del siglo XX, y en las que, en la mayoría, quienes llevan la peor parte son los niños, vemos luego a una pareja de turistas ingleses que llegan a vacacionar a una costa española. El protagonista decide ir junto a su esposa a una isla (Almanzora) que recordaba haber visitado años antes.
En apariencia, la isla lo tenía todo: tranquilidad, silencio, edificaciones acogedoras y clima aceptable. No obstante, conforme avanzan los minutos, se comienza a percibir una atmósfera perturbadora. El lugar parece desierto, y solo la aparición esporádica de algunos niños supone el único signo de vida. Y es que el director de este film supo aprovechar los tópicos del género de terror sin convertirse en esclavo de ellos. Es decir, no recurrió a artilugios ni a giros forzados para engañar al espectador. Tampoco pretendió inventar nada. Por el contrario, haciendo un uso mesurado de las posibilidades que un thriller ofrece, supo sacarle partida para ofrecernos una historia creíble, que entre líneas ya vamos intuyendo que se trata de una metáfora de la violencia.
El tema central aquí es, que los niños mostrados en la película son iguales a los de cualquier parte del mundo, con la única excepción que ellos juegan y se divierten matando a los adultos que llegan a la zona. Lo que genera estupor y hasta en cierto modo temor, es que lo hacen como si eso fuese lo más normal del mundo. Las expresiones no denotan los clichés de otros Films de horror donde se utilizan niños poseídos, donde abundan los típicos recursos de gesticulaciones y miradas malévolas, de posesiones y gritos para tratar de transmitir tensión. Aquí, por el contrario, los niños mantienen esa expresión mezcla entre inocencia y jocosidad que los caracterizan, como si el matar a golpes a un anciano se hubiese convertido en una norma convencional de los juegos infantiles. Y esto es lo que le da ese matiz especial a esta película, ya que nos pone a pensar qué sucedería si los niños llegaran a traducir la violencia que ven en los adultos y una vez internalizada, la convirtieran en un mero objeto lúdico.
Sin duda alguna, una gran película, hasta cierto punto marginada por la etiqueta de ser cine independiente, pero que no obstante, debió darse a conocer con mayor ímpetu. Por cierto, después de ver este film, no queda duda que Stephen King se inspiró abiertamente en él para escribir su cuento de Los niños del maíz, aunque obviamente sus resultados no le llegan ni a los tobillos de lo que logró Serrador con ¿Quién puede matar a un niño?


